Miscelanea.

16:00

Dime lo que estás pensando...

¿Recordáis aquella red social del guiño azul cuyo máximo interés era ver el estado de los demás y ver sus fotos poniendo morritos y que ahora -bueno, antes de desaparecer por completo- simplemente nos sirve para reírnos de nuestro yo del pasado? Pues yo me acuerdo de que, cada vez que entraba en dicha página, esta me azuzaba con un: "¿qué estás pensando?" que me obligaba a cambiar el estado muchas veces. Y yo qué sé si pondría cosas profundas o si solo pondría letras de canciones, muy profundas también, que no se diga... o si quizá escribiría indirectas al chico de mi clase que me gustaba. No me acuerdo, la verdad; prefiero ser de memoria selectiva.

Lo que quiero decir con esto es que sí, definitivamente estoy de vacaciones. Eso es lo que estoy pensando y no puedo dejar de pensar.

He cerrado la puerta de la última etapa despacito, sin dar golpes y sin molestar a los recuerdos, porque esta etapa que precede al momento actual alberga los mejores momentos de mi vida y también el peor, sin duda alguna; pero al fin y al cabo, es mi vida y no quiero que se descoloque de un mamporrazo de la madera contra el marco de la puerta. Así soy yo.

Pero es que tampoco he dado aún el paso adelante. Estoy en el descansillo entre puerta y puerta, pasando frío por la noche y pasando calor por el día; con hambre, con sed y con ganas de un abrazo que ni me permito ni me permiten, pues no quiero pasar al siguiente registro.

No es la Universidad lo que me da miedo. Lo más duro ya pasó: la espera. Con un 10,759 muy mal debería ir la cosa para no entrar en Físicas(aunque tampoco prometo nada, que luego todo se sabe) y estoy con un pie dentro e intenciones de comerme mi mundo académico; todo desde mi sencillez y mediocridad en el campo, que no se me suba a la cabeza.

Por otra parte, estoy recién apuntada a la autoescuela. Y cuando digo recién, es muy RECIÉN: dos horas aproximadamente. Y qué quieres que diga, quizá es porque he escuchado muchas barbaridades, pero tengo muchas ganas de dar cuenta de que no es para tanto, aunque quizá sí que lo sea, porque muchas personas cogen miedo a cosas que no han probado(en este caso muchas, muchas de ellas son mujeres) y acaban siendo dependientes de un muchacho, de sus padres o sus hermanos. Y creo que ya estamos demasiado avanzados para eso; para ir metiendo miedo a aquellas personas que se quieren comer el mundo inyectándoles miedo a fracasar, ese miedo a fracasar que, por otra parte, corroe de envidia y quiere frenar el progreso de otros.

Quizá me rodeé de soñadores con suerte, de felices sin causa y sin barrera... quizá se me pegó un poco de esa ilusión infantil y los polvos mágicos de Campanilla aún me rondan alrededor.
Pero la vida es sueño... y quiero convertir mis sueños en mi futuro. Pisar fuerte por donde paso y ser reconocida por méritos o por conocimientos, no por haber pisado sobre otras personas o haberlas empujado hasta lo más alto para poder ser su segura mano derecha.

Quiero ser feliz. No sé si me entendéis.

Camino de Santiago.

Sí, chicos, he hecho el Camino de Santiago. Ha sido una experiencia enriquecedora y no como camino religioso, ni siquiera del todo espiritual, sino para retomar un poco la fe... pero la fe en las personas.

Recuerdo bajar colinas a 50km/h con la bicicleta, recuerdo el Monte do Gozo lleno de pequeños saltimbanquis de escuelas religiosas que habían ido, algunos para encontrar a Dios y otros para encontrar lenguas ajenas, de sus compañeros de viaje. 

Pero lo que nunca olvidaré, y digo nunca, es aquella sonrisa en aquella cara llena de cansancio. Cuando pedías cualquier favor y la gente, aunque no te conociera y aunque algunas veces ni siquiera fuese capaz de hablar en tu idioma, te ayudaba. Sin reprimendas, sin excusas y sin pedir nada a cambio. Ese es el alma del camino.

Daban igual los kilómetros recorridos, los calambres en las piernas, las heridas, las ampollas o que nosotros, en bici, fuésemos más rápido.
Era precioso ver a gente hablando sobre sus países, prestándose los garrotes de peregrino para subir cuestas e incluso empujándose... incluso empujándonos, a los ciclistas, cuando no podíamos cambiar el plato o el piñón y la cuesta se nos hacía imposible.

Ha sido una de las mejores experiencias de mi vida y prometo hacer un viaje, mochila en mano y con un solo par de zapatillas, a desgastar las suelas y a quemar el mundo con sonrisas.
Porque cuando te das cuenta de que pocas cosas son esenciales, aprendes a distinguir aquellas que sí lo son, como la bondad, la lealtad, la sinceridad... la HUMANIDAD.

Brexit.

La whovian que llevo dentro se retuerce en mis entrañas y me araña, porque tiene ganas de salir y arrear garrotazos a diestro y siniestro. 

Nunca me he considerado una gran fan de el Reino Unido, lo cual es bastante raro pues es usual encontrar fundas, mochilas, camisetas, zapatos, banderas de Inglaterra... en España como si fuese nuestro país. Porque no queremos ser españoles, eso no nos lo quita nadie; pero el patriotismo con países extranjeros está a la orden del día.

En fin... la verdad es que Inglaterra no me llama especialmente la atención. Es un país con un registro cultural impresionante. Con un amplio contenido audiovisual(ay, mi Doctor, que ya no será europeo. ¿O acaso Gallifrey sigue perteneciendo a la UE?), con un gran espectro literario y con el maravilloso té.

Soy una gran admiradora de muchas cosas de este país anglosajón que tantas risas me ha dado en forma de series, que tantas lágrimas o reflexiones me ha sonsacado desde un libro... pero es que no me centro en todas aquellas cosas buenas que los ingleses me han dado, pues también me gusta la música americana, la cerveza y los coches alemanes y la tortilla de patata española, sin olvidarnos del queso francés, del chocolate suizo o de las maravillas arquitectónicas de Grecia e Italia. 
Es absurdo pensar, tanto ellos como nosotros, los aún europeos, que están por encima o por debajo de nosotros.

Entraron en la Unión Europea con una suerte de situación económica, política y social, teniendo la capacidad de imponer premisas y condiciones para su entrada en el grupo de los 28 de las cuales los demás no obtuvimos beneficio.

Pero no me molesta que se vayan de nuestro nido, de nuestro acuerdo; pues al fin y al cabo la economía tira y es el súmum del poder actual. Lo que me duele es que se haya impuesto un cambio que solo favorece a la élite inglesa simplemente porque se ha convencido erróneamente a los ingleses de que Inglaterra resurgirá cual fénix de unas cenizas que no existen y que serán un gran imperio. Me duele porque para qué, por qué ese afán de superioridad que embarga a la raza humana. Qué sopor.

Ah, por cierto... visto lo visto... suerte para Hillary, lo veo muy crudo.

De nuestro pasado oscuro de Princesas Disney y zapatitos de cristal.

Qué mejor que celebrar el fin de curso con un concierto gratis de un grupo que te gusta. Segovia. Maldita Nerea. Recuerdos con aquella banda sonora que nunca volverán. Ganas de celebrar. De olvidar. De reír. De gritar. De bailar. No, de llorar no. Pero así acabé.

Una muchacha recién graduada, llorando bajo el acueducto donde acuñó los mejores recuerdos de su vida, despidiéndose de él y de todo lo que se unió bajo sus arcos. Llorando a la incapacidad de seguir avanzando, al echar de menos, al ir demasiado borracha para aguantarse las verdades que le queman y que normalmente restringe en un rincón.

Los zapatos de cristal son Dr. Martens; la princesa tiene el maquillaje estilo oso panda y la mirada perdida en el cielo de una noche de finales de Junio, con Mira Dentro de fondo y resonando en las paredes de Cándido, en las paredes de información turística y rodeada de amigas que no pueden entenderlo, no tras tanto tiempo. Y lo siento.


Déjame tu puerta bien abierta, ya sabes que los sueños siempre aciertan...
pero luego tal vez, ALGO NO SALGA BIEN.
Y quiero tu luz bien cerca, y a ti siempre volver.

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6 comentarios

  1. Vaya post. Como para comentarlo...

    Creo que te dejo un abrazo, y ya. La vida es ir haciendo para que nos la deshagan, o para deshacérnosla. O yo qué mierdas sé.

    Besos.

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    1. Bueno, también hay cosas que salen bien. Felicidades, OPOBETTIE.

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  2. Así dan ganas de seguir adelante. ¡Que nada te pare! Mira, yo también tengo un cierto regusto amargo a aprender a conducir, pero tampoco tengo prisa (ni el dinero cofcof). En verdad no quiero depender de nadie, disfruto mucho los viajes en transporte público, me dan tiempo para pensar.

    Me das envidia, yo también quiero hacer el camino de Santiago. xD ¡Besos!

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    1. Pues en cuanto puedas, anímate. Que no te pare el resquemor de "no hacerlo bien".

      Y si quieres hacerlo, hazlo. No es muy caro y ciertamente, vale la pena. Muchísimo.

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  3. La vida es intensa y con altibajos, pero usted Señora Elefanta mola y lo sabe, y yo espero que gente así siga caminando paso a paso.
    Un abrazo.

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    1. La vida muchas veces es dolorosa, así que lo mejor es no tomársela demasiado a pecho. Espero seguir caminando paso a paso paralelamente a gente tan genial como usted, Letraherido.
      Un abrazo.

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